Riesgos de la deuda

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Al compás de las decisiones, y declaraciones, de los distintos bancos centrales del mundo se mueven los mercados de renta fija. No son pocas las voces que alertan sobre el peligro cada vez mayor que suponen estos activos sobre la base de estas políticas de tipos cero. Y, es más, las autoridades monetarias no son el único riesgo que los inversores de deuda deben enfrentarse.

Desde ETF Securities, en concreto, han identificado cuatro factores de peligro para la renta fija, aunque tranquilizan: “A menos que haya una razón para creer que los bancos centrales están seriamente detrás de la curva o que se ha producido un cambio sustancial en los otros riesgos, el mercado de bonos debería ser prácticamente estable”.

En primer lugar, como no podía ser de otra forma, encontramos con la posibilidad de un repunte en las tasas de crecimiento e inflación, las autoridades monetarias podrían permitir que se rebases su objetivos en cierta medida, pero tarde o temprano, retirarían sus políticas acomodaticias y aumentarían los tipos, “lo que llevaría a una repricing severo de las rentabilidades de la deuda. Sin embargo, las perspectivas actuales sugieren lo contrario”.

Según la OCDE, la mejora del PIB este año será más lenta que en 2015, con apenas un ligero incremento en 2017. En Estados Unidos, donde más avanzado está el ciclo, las perspectivas de la Fed para crecimiento y precios se revisaron a la baja en septiembre hasta el 1,8% y el 1,3%, respectivamente.

El segundo riesgo al que aluden estos expertos es el agotamiento de las herramientas de estímulo de los bancos centrales y las llamadas de estos a que entren en escena la política fiscal y las reformas estructurales para estimular la actividad. Ahora bien, este tipo de gasto se financiaría con más deuda pública y “ante el anémico crecimiento actual, esto aumentaría las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la misma, impactando de forma significativa en la percepción de riesgo de los inversores y aumentando las primas”.

Con todo, la firma cree que este peligro está “contenido en el corto plazo”, pues la mayor parte de los países desarrollados “se encuentran limitados por estrictas normas presupuestarias”.

Por otra parte, alertan sobre cualquier posible aceleración de la demanda de crédito y de las dinámicas de inversión podrían suponer el inicio de una “derrota de los bonos”. Pero, de momento, “la recuperación del mercado de crédito ha sido (y es) muy lenta, por lo que solo los proyectos con elevadas probabilidades de reportar altos retornos son financiados, lo que limita el número de oportunidades de inversión y manteniendo los tipos bajos”.

Finalmente, el cuarto riesgo serían los “flujos de capitales internacionales”. Y es que, recuerdan, desde el año 2000, las yields de la deuda se ha correlacionado con fuerza con el aumento de las reservas de divisas extranjeras de los bancos centrales, particularmente de China y los emergentes.

Desde que la Fed comenzará a reducir sus compras de activos (QE) en 2014, el dólar se ha fortalecido y el yuan debilitado. En consecuencia, el banco central chino vendió cerca de un 20% de sus reservas en moneda extranjera para mantener su divisa y limitar las salidas de capital, antes de devaluarla definitivamente en 2015.

Sus ventas fueron más que compensadas por las salidas de capital hacia refugios seguros, lo que resultó en rentabilidades más bajas para los bonos globales. Mientras tanto, el resto de autoridades monetarias han intensificados sus QEs, contribuyendo también a la reducción de las yields.

Ahora bien, opinan, que “si el crecimiento de China se acelera, los flujos de capital extranjero desde los mercados desarrollados podrían reanudarse rápidamente y ejercer presiones al alza sobre la renta fija. Sin embargo, los datos actuales sugieren que el exceso de capacidad del gigante asiático sólo permitirá que sus tasas de actividad se estabilicen”.

En cualquier caso, concluyen, aunque cualquiera de estos riesgos podría acabar con la actual estabilidad de los mercados de bonos, “las perspectivas mixtas de la economía deben permitir que se mantenga, aunque con un alto grado de volatilidad”.

Su apuesta, por tanto, pasa por crédito de empresas de alta calidad y emergentes con fundamentales sólidos que “seguirán proporcionando retornos decentes al tiempo que resistirán mejor la tensión”.



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