Trampas que frenan a los planes de pensiones

Las cifras de los planes de pensiones en España quedan aún muy lejos de otros países, representando su patrimonio solo el 9% del PIB frente al 84,2% de la OCDE.

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Los expertos explican que no solo se trata de una cuestión de rentabilidad. Es cierto que las cifras no son comparables con lo que un ahorrador puede ganar invirtiendo en otros productos como los fondos de inversión de ciertas categorías que han demostrado mayores retornos en el largo plazo, y una gestión profesional de los activos. Según un reciente informe de Indexa, la rentabilidad media de los planes de pensiones en España ha sido un 2,8% inferior (al año) a la de sus índices de referencia. Y los expertos aseguran que buena parte de esta situación se debe a los costes de la gestión activa, que limitan su capacidad para generar buenos retornos.

Sin embargo, hay factores que van más allá de los resultados esperados o de la fabricación de producto. Para empezar, la escasa cultura del ahorro-previsión entre la población española. Según una reciente encuesta de Aviva, un 82% de los consultados desconoce aún el límite máximo de aportaciones a los planes de pensiones que se pueden deducir de la renta, mientras que un 53% no sabe que el periodo mínimo de cotización para recibir una pensión pública es de 15 años.

En el otro lado de la balanza se sitúa la escasa información que prestan las autoridades a este tipo de productos. Solo recordar la famosa carta que desde 2011 esperan los ciudadanos con la estimación de su pensión pública en el momento de la jubilación.

Otros factores estructurales como la elevada tasa de sustitución del sistema público también han impedido la eclosión de estos productos. Actualmente se sitúa en el 82% íntegramente cubierta por el sistema público siendo la tasa más alta de los países de la OCDE. La media de los países de la OCDE es de un 41,3% en el sistema público y un 16,3% en el sistema privado (en total el 58%), “lo que representa un mayor equilibrio de fuentes de financiación, para afrontar mejor el envejecimiento”, indican desde Inverco.

A todo ello hay que sumar una estructura del ahorro centrada en el sector inmobiliario. Según datos de la ‘patronal’, la comparativa de la composición de la cartera de activos de las familias entre los distintos países no deja lugar a dudas. En EEUU más del 70% del total de los activos de los hogares son financieros, mientras que sólo un 30% son no financieros. En el polo opuesto, en España casi las tres cuartas partes del total de los activos de los hogares son no financieros (principalmente inmobiliarios). “Todavía más importante es el hecho de que la media de las familias europeas destinan el 38% de su ahorro financiero a fondos de pensiones y seguros, frente a sólo el 16% las familias españolas, lo que confirma la falta de previsión de las mismas frente a la jubilación”, explican los expertos.

Del mismo modo, el consenso coincide en la urgencia de estimular los planes de empleo. La aportación a este tipo de planes llegó a alcanzar en España los 9.870 euros por trabajador en el ejercicio 2000, año a partir del cual inició un descenso continuado, alcanzando los 544 euros en 2015. “Este nivel es incluso seis veces menor que el registrado antes del período extraordinario de la exteriorización (3.000 euros, en 1995)”, recuerdan desde Inverco.

El motivo es, básicamente, que empresas y sindicatos no han considerado prioritaria la inclusión de nuevos compromisos de pensiones en los convenios colectivos, con lo que el sistema de empleo cubre apenas el 12% de los empleados y trabajadores, incluyendo a los del sector público.



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